La asistencia en viaje personal de Tim Yaya, es el séptimo de caballería de las películas del oeste.

En el vasto y polvoriento escenario de una carretera comarcal de Almería, donde el horizonte se mezcla con el cielo en un abrazo de libertad, aventura y desolación, un jinete moderno se encuentra en apuros. No es un caballo lo que monta, sino una motocicleta de acero que ha sucumbido a la fatiga del camino, dejándolo varado en medio de una escena digna de un western clásico. En este momento crítico, cuando todo parece perdido y el silencio solo es roto por el viento que susurra historias del viejo oeste, surge de entre el polvo una silueta heroica: Tim Yaya, el séptimo de caballería de las carreteras, listo para salvar el día.

Con la precisión y el dramatismo de una escena de «Ford Apache» o «La legión invencible», la asistencia en viaje de Tim Yaya hace su entrada triunfal, no con el toque de corneta, sino con el rugido de un motor que promete salvación. Este no es un simple servicio de asistencia; es el aliado inquebrantable que todo aventurero desearía en su momento de necesidad, un símbolo de esperanza que se materializa justo cuando más se le necesita.

«Si tiene la mala suerte de no poder seguir con su viaje, al menos asegúrese la buena suerte de estar cubierto por Tim Yaya», se recuerda a sí mismo el jinete mientras ve acercarse la grúa, como si fuera la caballería en el último minuto, ondeando banderas de victoria contra la adversidad. La promesa de Tim Yaya es clara: ayudar a solucionar in situ cualquier problema que haya tenido con su vehículo y que no le permita seguir con sus planes, ya sea que se encuentre en el tranquilo umbral de su domicilio o perdido en la inmensidad del camino, lejos de casa.

El mecánico de Tim Yaya, con la destreza de un general que conoce su oficio, se baja de la grúa. Con un gesto firme y la confianza de quien ha enfrentado mil y un problemas en la carretera, examina la motocicleta. No importa si no es el vehículo habitual del jinete; la promesa de asistencia se mantiene firme, como los principios de los héroes del far-west que nunca dejan a un camarada atrás.

Mientras el mecánico trabaja, el jinete no puede evitar sentirse como el protagonista de una epopeya del oeste, donde la solidaridad y el coraje definen el desenlace. La eficiencia y rapidez con la que Tim Yaya restaura la montura de acero a su gloria anterior reflejan no solo el compromiso con la excelencia sino también un entendimiento profundo de lo que significa salvarle a uno de un destino desolador.

Con un último ajuste, la motocicleta cobra vida, listo para continuar su viaje por la carretera comarcal, llevando consigo la certeza de que, en el viaje de la vida, siempre habrá un Tim Yaya listo para acudir en su ayuda. El jinete se despide con gratitud, sabiendo que esta experiencia le ha dejado poco más que una anécdota que contar en la barra de un bar de carretera.

Así, con el sol poniéndose en el horizonte, el jinete retoma su camino, reafirmando la leyenda de que, sin importar los desafíos que la carretera presente, nunca estará solo. Porque en el mundo de las aventuras y las averías, Tim Yaya es el héroe que todos esperan, el séptimo de caballería que siempre llega en el último momento, asegurando que la historia tenga un final feliz.