El valor de montar en moto vs el valor de sacar un USB sin esperar

Como pastilla de jabón sumergida en el agua, el valor es un concepto escurridizo.

Porque, como ocurre con los test de Rorschach en los que una misma mancha significa para una persona un castillo en ruinas, para otra un perro dormido y para una tercera un inspector de Hacienda bailando desnudo a la luz de la luna, es un concepto que cada uno entiende de manera distinta. Para unos, el domador que en el circo mete la cabeza en la boca del león tiene un enorme valor. Para otros, es un simple maltratador que ha logrado esa docilidad de la salvaje fiera mediante sabe Dios qué medios, que seguramente no incluyen las caricias y las buenas palabras.

Para unos, el compañero de trabajo que saca un USB del ordenador sin haber dado antes a “Extraer hardware con seguridad”, es un héroe que se atreve a hacer lo que uno nunca tendría el valor de hacer. Para otros, es un pobre tonto cuyos gritos de lamento se van a oír en Vladivostok como haya perdido la presentación a la que le ha dedicado una semana, porque el USB se ha dañado y no tenga guardada una copia de esa presentación.

En cambio, en el territorio de las motos el concepto de valor visto desde el punto de vista de espectadores, no especialmente avezados, genera una curiosa unanimidad. Porque todo el mundo asume que es una muestra de valor subirse a una moto que supera los 300 kilómetros por hora sin más protección que tu propio cuerpo, cuando además ese cuerpo no es especialmente voluminoso y a veces no llega ni a los 60 kilos.

Y es que todos vemos que es una muestra de valor asumir el riesgo que pueden suponer las caídas en esa explosiva mezcla de condiciones. Moto a más de 300 kilómetros + cuerpecito enjuto + espíritu competitivo + otros pilotos igualmente ansiosos de triunfos, fama y dinero = altas probabilidades de abrasiones, fracturas de piernas, brazos o manos.

Y a nadie le gusta el dolor.

Durante la última temporada del Campeonato del Mundo de motociclismo, hubo 1.126 caídas, más que en toda la historia. 5 pilotos se cayeron más de 20 veces, ostentando el primer puesto en este singular podio Sam Lowes, quien se cayó de su Aprilia RS-GP nada menos que en 31 ocasiones.

Lo más interesante de este caso, es la explicación que daba el propio Márquez de ese elevado número de caídas, “Si siempre estás forzando los límites consigues una mejor sensación sobre la moto y le das mejor información a los mecánicos. Sí, tuve 27 caídas, pero aprendía algo. Me caí 27 veces, pero he estado a punto de caerme quizá 50. Eso me da… No sé cómo explicarlo, pero una cierta sensación sobre la moto. Con 27 caídas puedes entender muchas cosas. Ya sabes, ‘Esto lo puedo salvar’, ‘Esto no’”.
Márquez se cae porque está intentando aprender cuánto puede forzar para arañar milésimas de segundo en la carrera que tendrá días después en ese circuito. Es una decisión premeditada, que no le resta valor al riesgo que asume de caerse. Sobre todo, porque una vez que se cae, las lesiones y el dolor que puede sufrir son los mismos que si la caída fuera fruto de una imprudencia o de un momento de arrebato pasional.

Y a nadie le gusta el dolor.

Aunque puede que las caídas y el dolor sean en unos años solo cosa del pasado. En Octubre de 2017, en la Feria del Motor de Tokyo, Honda presentó una motocicleta eléctrica capaz de mantenerse en pie sola, sin ayuda del piloto. E incluso aunque no hubiera piloto. Y un poco antes, en Octubre de 2016, pero yendo un poco más allá, BMW presentó con motivo de su centenario un concept vehicle llamado BMW Motorrad Vision Next 100Una moto que resulta imposible que se caiga. Tan seguros estaban de ello que ni siquiera era necesario llevar casco para conducirla (aunque a la vez decían que no sería comercializable hasta el cabo de unos 10 años, tal vez para darse tiempo suficiente de comprobar que realmente no se caía nadie). En los años 50, si te caías 27 veces, como ocurrió con Márquez en 2017, tus probabilidades de ganar el campeonato eran nulas porque te ibas a pasar más tiempo en hospitales que en las pistas, (eso si es que con la cuarta o quinta caída no quedabas ya fuera de la competición para toda la temporada, con tantos huesos rotos que incluso habría algunos que ni siquiera sabías que tenías).

No es descabellado pensar que un día se lograrán motos que resulte absolutamente imposible que se caigan.

Hagas lo que hagas. Fuerces los límites hasta donde los fuerces. Arriesgues lo que arriesgues.

¿Nos parecerán ese día menos valientes los pilotos?
¿Será entonces menos valeroso montar en moto que sacar del ordenador un USB sin esperar?